Una mujer en Elefantentreffen 2017


una mujer en elefantentreffen portada

Al contrario que el resto de los post de este blog, este articulo no está escrito por mi sino que le he pedido a Mónica Torán que lo escriba contando las experiencias de una mujer en Elefantentreffen, sus vivencias de aquellos días de viaje hasta Alemania en pleno mes de enero pilotando una Suzuki Gladius.

Mónica no es una motera al uso. Apenas llevaba un par de años con el carnet A, no conducía una maxi-trail, no tenía en mente ser la primera mujer en hacer nada y hasta hacer ese viaje, apenas había realizado grandes viajes con su moto. Tal vez todo esto sea lo sorprendente de esta historia, ¿qué pudo haberla llevado a decidir un buen día, plantearse intentar llegar hasta Alemania, en pleno invierno con su moto y sufriendo temperaturas de hasta -15ºC?

Ella misma nos lo cuenta en el relato de una mujer en Elefantentreffen.

Relato de una mujer en Elefantentreffen

Recuerdo que lo primero que me llamó la atención cuando escuche “Elefantentreffen” fue cómo en una palabra de 16 letras, tan solo había 7 letras distintas. Era la palabra perfecta para un crucigrama o para una partida de scrabble.

Curiosidades aparte, siempre había escuchado decir que Elefantentreffen era una de las concentraciones invernales más importantes, duras y antiguas de Europa; qué está pensada para moteros locos; que sólo asisten a ella aquellos que no temen a las bajas temperaturas, a la nieve, ni las placas de hielo.
Sin embargo lo que no había escuchado era algún relato sobre una mujer en Elefantentreffen. Así pues por ese motivo, por mi afán de superación y por aquello que alguien ha catalogado como “sangre aventurera”, la cual casi se me congela, me decidí a llevar a cabo lo que sería uno de los viajes más duros pero a la vez, más gratificantes que he hecho hasta este momento con mi Gladius.

¿Qué sabes de Elefantentreffen?

Estoy segura de que cuando el periodista germano Ernst Leverkus, alias “Klaks” y fundador de la Federación Alemana de Motociclistas (BVDM), decidió organizar hace ya más de 60 años una concentración para sidecars, concretamente para los Zündapp KS 601, los utilizados en la II Guerra Mundial y popularmente conocidos como “Elefantes verdes”, no imaginó que llegaría a convertirse en la concentración más importante de Europa contando con miles de participantes.

1952 Zündapp Gespann KS 601 592cc 34hp 125kmh Der legendäre Grüne Elefant bild 2

A lo largo de estos 60 años Elefantentreffen ha tenido diversas ubicaciones pasando por el circuito de Solituderennen en el 1956, cerca de Stuttgart, Nürburgring en el 1968 o Salzburgring cerca de la ciudad de Salzburgo allá por el 78, para acabar instalándose definitivamente, desde el año 1989, en el valle de Loh, en el bosque bávaro de Alemania, muy cerca de la frontera checa.

La Asociación Federal de Motociclistas de Alemania es la encargada de organizar el evento que tiene lugar entre el último fin de semana de enero o primero de febrero. Es fácil confundirla con la que se celebra dos semanas antes en Nürburgring bajo el nombre deAltes Elefantentreffen, ésta se celebra “paralelamente” desde que, en 1988, se cancelara la concentración anual por varios motivos y algunas personas organizaran una reunión paralela y, es desde el 1990, que se ha llevado a cabo todos los años en esa región.

Preparativos del viaje hasta Elefantentreffen

Casi sin darme cuenta, un día llegó el momento de preparar el viaje. Intenté informarme bien de lo que me esperaría en los días siguientes. Nadie podía decir que no estaba avisada, la predicción meteorológica no sólo no estaba de mi parte , sino que decidió regalarme una ola de frío la cual  paralizaría media Europa y de paso, mis manos y pies.

Ante semejante previsión, recuerdo que lo primero que hice fue buscar información y consejos para organizar el viaje con el único propósito de no morir de frío en el intento. Tardé pocos minutos en darme cuenta que ir con una naked no era lo más recomendable, pero era lo que había.

Tenía dos semanas para recopilar información sobre el material que pudiese necesitar tanto para mi moto como para mi; así como para preparar toda la documentación necesaria que debía llevar conmigo. Así pues, boli en mano, creé mi propia checklist basándome en la experiencia de otros viajeros. Fue gracias a leer muchos de esos consejos, donde encontré ideas con las que pude prepararme para soportar tan bajas temperaturas.

Un imprescindible del que hasta el momento me había negado a utilizar fueron las manoplas. Ahora reconozco que sin ellas, no creo que hubiese llegado ya que ni tan siquiera mi moto llevaba instalados unos puños calefactados.

Otro de las recomendaciones que seguí fue el ponerme muchas capas de ropa. Hasta ese momento creía que era un error común que cometen los moteros, pero ahora puedo decir que la equivocada era yo.

Viajando hasta Elefantentreffen

Los días pasaron volando y cuando quise darme cuenta ya estaba subida en mi Gladius camino de Elefantentreffen.

No había salido de la península cuando el frío comenzó a notarse, pero tenía tres días por delante para llegar a Lol, tiempo de sobra, por lo que podía tomármelo con tranquilidad, o eso fue lo que pensé.

La primera etapa se hizo larga, no sólo por la distancia que separa Barcelona de Vesoul (Francia), ni por las 20 horas que tardé en llegar, sino por las bajas temperaturas. Los termómetros no estuvieron, en ningún momento, marcando valores por encima de cero y hubo momentos en los que llegó a marcar hasta -11º C. Por ello tuve que parar más veces de las que me hubiese gustado para conseguir calentar mis manos y pies.

Recuerdo que los últimos kilómetros del día fueron los peores, las placas de hielo, la oscuridad de la noche y el cansancio casi consiguen vencerme. Nunca había pasado tanto frío durante tanto tiempo seguido. Después de esa primera y dura etapa, el viaje cambió por completo, esa noche descansé cómo si ni no hubiera un mañana.

Al día siguiente me desperté con la sensación de haberme dejado en casa los dedos de las manos y los pies, seguían dormidos, así que hasta media mañana no emprendí de nuevo el viaje. Sería una etapa corta, era ya media mañana y anochecería muy temprano; ya el día anterior me prometí que en cuanto el sol desapareciera estaría ya junto a una chimenea de algún hotel mientras tomaba una sopa bien caliente, así que en ese día poco más de 200 km pude hacer, los que separan Vesoul del lago Titisee-Neustadt,en Alemania.

Por fin era viernes, el sol brillaba con fuerza, aunque no con la suficiente como para hacer que el termómetro registrará valores en positivo. Me encontraba a algo menos de 600 kilómetros del Valle de Loh.

Tenía dos opciones, o llegar a la concentración ya entrada la noche, cansada y con frío para acabar pasando la noche en una tienda de campaña o alargar algo más la ruta y llegar al día siguiente con la luz del día.

Así que me bajé a Liechtenstein para hacer una visita rápida a su capital, Vaduz; nunca había estado en este país y me hacía ilusión visitarlo, aunque no pude estar mucho tiempo ya que quería pasar la noche en Múnich.

La verdad es que curiosamente me costó salir de aquel pequeño país, no porque hubiera ningún problema burocrático, sino por el microclima que me encontré allí. No sé si fue casual pero en algo menos de un kilómetro, y circulando por la misma carretera, había un cambio de temperatura de 11ºC; un verdadero paraiso “tropical”. Aquella noche dormiría en la acogedora Munich, que aquella noche se encontraba a -15ºC.

El gran día

Y llegó el gran día, hoy llegaría a Elefantentreffen. Me encontraba a poco más de 200 kilómetros y el termómetro tan sólo marcaba -10ºC ¡¿qué más se podía pedir?!

La verdad es que eché de menos cruzarme con alguna moto durante el recorrido, pero fue curioso, porque desde que salí de casa y en los más de 2.000 kilómetros que llevaba, tan sólo me había cruzado con tres motos, pero nada más salir de Múnich recibía los primeros saludos de grupos de moteros. Era indudable, venían de haber pasado la noche del viernes en la concentración.

Tardé relativamente poco en llegar a Solla, bueno, como venía siendo habitual, no tiré por el camino más corto pero es que el paisaje era increíble y esas carreteras invitaban a retrasar un poquito más la llegada. Eso y que no era en el mismo pueblo de Solla sino que a unos 15 kilómetros de donde me encontraba, pero me encantó perderme unos pocos kilómetros más.

Objetivo alcanzado

La llegada a Elefantentreffen fue increíble, indescriptible e inolvidable. No sólo era el hecho de estar allí, era el viaje, su dureza, el llegar a cumplir un deseo y el haberlo hecho junto a mi hermano.

una mujer en elefantentreffen Cuando llegué lo primero que busqué fue el cartel de la concentración, ese que había visto en tantas y tantas fotografías. Yo también quería llevarme ese recuerdo fotográfico, así que fui en su búsqueda. Me encontraba a poco menos de 30 metros, sólo nos separaba una pequeña pendiente, pero la suficiente como para saber que si bajaba por allí la caída iba a ser segura llevando un neumático normal como el que llevaba. Estuve tentada en bajar, al fin y al cabo había llegado hasta allí, y una pequeña rampa no me iba a impedir hacerme una foto junto a mi moto y bajo el cartel de la concentración.
Pero cuando los de la organización me vieron las intenciones me pidieron que no lo hiciese, o eso entendí con sus gestos que evidenciaban una caída segura. Así que me paré un momento y me dije: “estás a 2.000 kilómetros de casa, en otro país, cansada, has llegado hasta aquí, no tienes que demostrarle nada a nadie.” Así que me tuve que conformar con posar yo sola bajo el cartel.

Después de inscribirme lo siguiente que hice fue buscar un lugar donde acampar. La zona estaba vallada por lo debía descargar la moto y llevar todos los bultos hasta donde acampar. Intenté no complicarme mucho por lo que aproveché un hueco que dejó una tienda que acababan de recoger. Cada vez que pasaba por la zona de control para acceder a mi tienda iba ofreciendo de beber de una bota de vino que mi hermano y yo llevábamos a todas las concentraciones, era divertido ver cómo bebían por primera vez de ella. Pues fue uno de estos chicos, que momentos antes aceptó el ofrecimiento, que apareció con una bandeja de alitas de pollo y patatas bien calentitas agradeciendo el gesto. Volvía a encontrarme en el paraíso! Pero pasaron pocos minutos hasta que aparecieron moteros, cerveza en mano, para interesarse por mi viaje, al igual que hacían con todo aquel que iba llegando.

Una vez montado el “campamento base” e intentado entenderme con gente de distintas nacionalidades, era el momento de visitar aquella jungla. Lo primero que había que hacer era, y en este orden, tomarse un vaso de vino caliente e ir a buscar la leña para la noche. Estos dos pasos eran indispensables para no tener frío, y sin duda cumplieron su cometido.

Elefantentreffen campamento de nocheAl caer la noche el espectáculo de luces producido por las hogueras era increíble. Aun tratándose de una concentración tranquila, visitar aquello no era tarea fácil sobre todo por el estado del camino que te lleva hasta la parte central donde se encuentran los “chiringuitos” de comida, bebida y merchandising. Daba la sensación de que allí todo el mundo se conocía. Daba igual cual fuera tu idioma, que acababas alrededor de una hoguera charlando de motos y de tu país.

Fue una lástima llegar el sábado ya de tarde porque es desde el viernes por la tarde hasta el sábado por la mañana cuando se lleva a cabo el concurso a la moto más bonita, el premio al que vino de más lejos, la escultura de nieve más bonita, el participante de mayor y menor edad… aunque lo más significativo es la procesión en honor a los moteros que perdieron la vida en la carretera.

En aquel momento no me importó haberme perdido todo eso, el estar allí y el haber llegado para mí ya era todo un logro, pero sin duda la próxima vez que asista haré lo posible por llegar un día antes.

Llegar y empezar a pensar en volver

A la mañana siguiente me desperté con frío y el cuerpo algo cansado. Dormir sobre la nieve, por mucho que sea dentro de una tienda campaña, pasa factura, pero aún así decidí acercarme a la frontera de la República Checa puesto que me encontraba a poca distancia de ella. Una vez pisado suelo checoslovaco y hecha la foto de rigor, esta vez sí, tocaba empezar a pensar en emprender el camino de vuelta a casa.

Elefantentreffen campamento de día

 

 

Tenía 2.000 kilómetros por delante. La vuelta fue larga, muy larga. En un principio pensaba hacerla de una tirada, pero la incesante e intensa lluvia hizo que decidiese hacer noche en un hotel de carretera de Francia. Ni lujoso ni cutre, simplemente anodino.

La mañana del lunes amaneció gris aunque no llovía. Mis pensamientos se dividían en dos, los que anhelaban llegar a casa y poder descansar tras un baño de agua caliente; y los recuerdos de todo lo vivido en los días anteriores, esos 4.000 kilómetros, aquellas temperaturas de infarto, el cansancio y el ambiente de Elefantentreffen.

Al llegar a casa, brillaba en mi sonriendo por haber cumplido un deseo más de mi larga lista.

Casi un año después

Ha pasado ya casi un año de este viaje que para mi fue todo un desafío, un reto que me planteé a mi misma. Aún ahora recuerdo todas esas horas de viaje en las que el frío paralizaba mis extremidades, en la de veces que me preguntaba qué hacía yo allí entre montañas nevadas yendo a una concentración de la que sólo había podido oír hablar. Pero ahora ya lo sé. Tenía que ir para comprobar por mi misma que esta concentración es de las más duras de Europa, que sólo asistían aquellos que no les daba miedo ni las bajas temperaturas, ni la nieve, ni las placas de hielo, que sólo es para moteros locos y porque ahora ya tendría mi relato acerca de una mujer en Elefantentreffen

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6 comentarios

  1. David
    15/12/2017
    Responder

    Monica!!!! Estas loca como Don Quijote!

  2. Mónica
    20/12/2017
    Responder

    Un poquito de locura nunca va mal 🙂
    Saludos David.

  3. Manolo
    20/12/2017
    Responder

    Ufff demasiada locura este viaje!! Me ha encantado tu relato, pero de verdad que no le encuentro la gracia a lo de pasar penalidades de las gordas sobre la moto, aunque a veces tengamos que pasarlas para llegar al ansiado destino… y sobre todo no concibo lo de incrementar voluntariamente el riesgo de accidente, que ya es alto sólo con subirse a la moto… seguro que cuando llegaste te compensó, pero ¿cómo lo ves ahora desde tu casa con la cale puesta? 😉 Por estas penurias no he ido a PIngüinos más que una vez… sin embargo sí que he ido a otras conces moteras y mágicas como el TTIOM, pero ¡¡con buen tiempo, mujer!!

    En cualquier caso, mi más sincera enhorabuena, espero que sigas disfrutando de la moto como se ve que lo haces, V´ssss y siempre por lo negro.

    • Mónica
      16/04/2018
      Responder

      Gracias …. Más que penalidades yo lo veo como metas a alcanzar y sí, contra más dificultades me encuentro mayor es la satisfacción de haberlo conseguido.
      También es cierto que, aunque llevo relativamente poco (comparado con muchos otros viajeros) en el mundo de la moto, desde mis primeros kilómetros he preferido enfrentarme a todo tipo de adversidades, tanto climatológicas como de terrenos (y eso que ando con una naked) para que ninguno de ellos me impidiese llegar allí donde quiero.
      Ahora, desde el sofá y con la calefacción puesta, aún sonrio cuando pienso en este viaje. Locura? Muy probable… pero gracias a ella me quedo con este gran recuerdo que espero volver a vivir.
      Gracias Manolo

  4. Pablo Torres
    16/04/2018
    Responder

    Iiiincreible Mónica, flipando contigooo jajajja.
    Muy bien narrado, has hecho que lo vea más que como otra simple ruta, más que otro destino es otro objetivo que cumplirsee.
    Un saludoo.

    • Mónica
      16/04/2018
      Responder

      Gracias Pablo!! Si te enseñase la lista de objetivos que tengo jeje
      Pues ya estoy liada con el siguiente, bueno, en realidad son casi un centenar de objetivos jejeje voy a alcanzar todos los toros de Osborne que hay España (de estos ya llevo “casi” la mitad), Dinamarca y México, así que ya estoy entretenida por un tiempo

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