lunes, diciembre 5 2022

Hacía ya dos años de mi último viaje a México; dos años extraños y difíciles para todos, en los que hemos vivido una pandemia a nivel mundial, en los que hemos cambiado la forma de relacionarnos y hasta seguimos viendo la erupción de un volcán en nuestro país.

En aquel viaje el principal motivo que me llevó hasta allí fue el reto ToroEnMoto, ya sabéis, eso de recorrer los toros de Osborne de España, México, Dinamarca y Japón. Yo ya había terminado los de España y me decidí a viajar a México a por los 6 que hay allí. 

Además de conseguir alcanzarlos, ese viaje me dió la posibilidad también de vivir lo que es un rally de resistencia certificado por Iron Butt; así que fue una experiencia redonda.

Tan buen sabor de boca me dejó aquel viaje, que dos años después he vuelto a viajar a él, pero esta vez para recorrer en moto la Baja California, en un viaje en moto desde Ciudad de México hasta La Paz.

12 días y 7.000 kilómetros.

Después de varios meses planificando el viaje, llamadas y mucha ilusión, por fin aterricé en el aeropuerto de la Ciudad de México.

Aunque inicialmente el plan era enviar las motos desde CDMX hasta Tijuana y desde ahí comenzar el viaje de moto. Al final opté por hacer ese trayecto, de casi 3.000 kilómetros, conduciendo la BMW R 1250 GS que alquilé. De esta forma, me permitiría conocer parte de los estados de Jalisco, Michoacán, y Sinaloa.

El viaje no lo iba a hacer solo. Rodrigo, un buen amigo y gran conocedor de su país, sería el anfitrión de esta nueva experiencia en México. 

Así pues el 14 de Noviembre arrancamos rumbo a la primera etapa. Curiosamente comenzamos junto a uno de los lugares más castizos que hay en la capital mexicana, que no es otro que la réplica exacta de la fuente de Cibeles.  

El recorrido desde CDMX hasta Guadalajara nos llevó buena parte del día. Las carreteras de cuota son la opción más segura y rápida para llegar a la segunda ciudad más importante del país. Tras más de 6 horas de camino, llegamos a la capital del estado de Jalisco. Era hora de descansar y comer en el Abajeño de Tlaquepaque, donde probamos las famosas tortas ahogadas, disfrutamos del Mariachi y por supuesto de un buen cantarito.

El Espinazo del Diablo

Durante la comida decidimos que al día siguiente no iríamos directamente a Mazatlán, tal y como había previsto Rodrigo. Primero subiríamos al mítico Espinazo del Diablo. 

El Espinazo del Diablo es una de las rutas más famosas de México. Miles de curvas y paisajes espectaculares recorriendo los estados de Sinaloa y Durango, hasta alcanzar un desnivel máximo de 2.700 metros sobre el nivel del mar.

El Espinazo del diablo siempre se disfruta, los climas, paisajes, curvas y más curvas, lo han hecho una de las carreteras que todo motociclista que viaja en moto por México debe visitar. 

En nuestro caso, una vez que llegamos al punto más conocido y donde es obligatorio hacerse la típica foto, decidimos que no era suficiente y en lugar de ir a Mazatlán por el camino más rápido, volveríamos a bajar los casi 100 km que habíamos hecho para subir. 

Cerramos el día comiendo deliciosos mariscos en el Cuchupetas, famoso restaurante a unos kilómetros de Mazatlán.

El tramo más duro

De Mazatlán hasta Puerto Peñasco hay poco por ver, kilómetros y kilómetros de infinita recta. Saliendo de Peñasco, la cosa cambia, es el momento de cruzar uno de los paisajes más impresionantes en nuestro camino hasta Tijuana, la Reserva de la Biosfera del Pinacate y Gran Desierto de Altar. 

Lugar obligado para parar a hacer fotos, vídeos o simplemente para disfrutar de la magia del lugar. 

Posteriormente continuamos nuestra ruta para almorzar unos kilómetros antes de la Rumorosa, otra famosa carretera de México, corta, pero con curvas que se pueden tomar a muy buen ritmo, con vistas al enorme muro que divide México y Estados Unidos.

Ya en Tijuana nos reunimos nuevos amigos con los que compartir la ruta. Al amanecer arrancamos oficialmente el viaje por La Baja California, con la foto forzosa, la esquina del país, donde comienza la patria, un lugar con una energía muy particular. 

De ahí tomamos la Scenic Road Ensenada-Tijuana, la cual nos llevaría al Valle de Guadalupe, lugar reconocido mundialmente por sus vinos y viñedos, mismos que tuvimos oportunidad de visitar y hasta dormir dentro de uno.

Al día siguiente continuamos hacía Bahía de Gonzaga, lugar en el que pudimos pasar una mañana relajada, en la playa, haciendo kayak, paddle board o simplemente disfrutando la naturaleza y el lugar.

El Valle de los Cirios, el Coco´s corner y la Baja 1000

Saliendo de Gonzaga tomamos rumbo hacia San Quitín, en una jornada que terminaría para nosotros en la localidad de Guerrero Negro. Kilómetros y kilómetros de desierto, en los que no parece que la vida tenga demasiada prisa. Aquí todo pasa a otro ritmo, ajena a todo, incluyendo a la señal de cobertura para nuestros móviles. 

Una oportunidad única para abrir los ojos y observar el paisaje que nos regalaba el camino. Tras una subida pronunciada, sin casi esperarlo, llegamos al Valle de los Cirios. Un espectacular paisaje que es una de las áreas naturales protegidas más grandes del mundo. 

Los cirios son enormes y extraños árboles, que junto a los cardones (el cactus que tengo a mi espalda en la foto) hacen del paisaje algo único. 

Saliendo de Gonzaga, pasamos a visitar a uno de los personajes más conocidos de La Baja, el famoso Coco. Gran aficionado a las carreras de la Baja 1000, hizo de su Coco´s Corner el pit más importante de esta carrera, después de perder una de sus piernas.

El Coco´s corner es un lugar de parada obligatoria, donde tendrás la oportunidad de conocerlo, hacerte una foto con él, comprarle un refresco o una cerveza, y sobretodo escuchar sus historias de las carreras en la baja. Por supuesto, no te olvides de firmar su famoso libro de visitas antes de irte.

Después de la visita a Coco, retomamos rumbo hacía Guerrero Negro. Si bien no pudimos realizar la visita a la salinera que allí existe por motivo de la pandemia, esta queda pendiente para el próximo viaje que voy a hacer allí en Marzo de 2022. 

El mar de Cortés

Después de descansar en un modesto pero limpio hostal en Guerrero Negro, salimos rumbo a Santa Rosalía. Los kilómetros entre ambas poblaciones son un auténtico disfrute. Una carretera sinuosa, con buen asfalto que nos regala unas vistas fantásticas del Mar de Cortés. 

Santa Rosalía es un pueblo francés con un toque especial, como casi todo en la Baja. Pero antes de llegar a él, el día tenía varias sorpresas para nosotros. Rodar por una carretera más de esas que los motociclistas disfrutamos, la llamada La Cuesta del Infierno; visitar un oasis increíble más propio de cualquier desierto africano que de México y visitar la Misión de San Ignacio, donde disfrutar de un helado y unos minutos de relajación.

Playa Santispac fue nuestra siguiente parada, un lugar mágico en el que estuvimos buena parte de la mañana, nadando en el mar y disfrutando desde la playa la belleza del sitio. 

Nuestro destino final del día sería Loreto, uno de los 121 Pueblos Mágicos que recorren miles de motoristas para completar el reto de visitarlos todos. Una vez llegamos a él, nos esperaba un hotel fantástico junto al mar. Caía la tarde, apenas había nadie bañándose salvo un grupo de cerca de 200 pelícanos junto a los cuales pude estar nadando sin que a ellos pareciera importarles.

La Paz y los lobos marinos

Al día siguiente, ya una vez en La Paz, pensamos que teníamos que cerrar esta fantástica experiencia con un broche de oro. Así que un plan diferente sería subirse a un barco el cual nos llevaría a hacer snorkel junto a una colonia de lobos marinos que habita en la zona; para más tarde hacer un picnic en Balandra, sin duda una de las playas más bonitas del país, llena de paz, arena blanca y aguas turquesas.

Con ese recuerdo terminaba el viaje por La Baja California, aunque el viaje en sí no terminaría hasta llegar de vuelta a Ciudad de México. Por delante un viaje en ferry desde La Paz hasta Mazatlán, de ahí a Guadalajara y finalmente al punto de origen.

Ya en Madrid, recordando todo lo vivido, me quedo con más ganas de ver más lugares y vivir más experiencias, aunque eso no será hasta Marzo 2022.

John Lennon dijo “la vida es eso que pasa mientras estamos haciendo otros planes”. 

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Acerca de mi

Julio Álamo

Informático a tiempo parcial, community manager/social analyst en prácticas y ante todo, motero a jornada completa. Embarcado en este proyecto personal desde Mayo de 2015.

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